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  • Libertad religiosa: Explicando lo de Arizona

    ObamaEn el titular se puede leer “Licencia para discriminar”. Y el editorial del New York Times continúa después afirmando que Arizona acaba de aprobar “medidas nocivas que les dan a las empresas y a las personas amplios derechos para negar sus servicios a las parejas del mismo sexo en nombre de la protección de la libertad religiosa”.

    Parece que el Times es incapaz de entenderlo. La legislación propuesta no menciona en ningún momento a las parejas del mismo sexo; simplemente aclara y mejora las protecciones de la libertad religiosa existentes en este estado. Y como demuestran la multitud de demandas judiciales contra el coercitivo mandato del HHS y los conocidos casos de algunos fotógrafos, floristas y pasteleros, necesitamos proteger la libertad religiosa, ahora más que nunca.

    En 1993, unas aplastantes mayorías bipartidistas en ambas Cámaras del Congreso aprobaron, y el presidente Clinton ratificó, la Ley Federal de Restitución de la Libertad Religiosa (RFRA). Esta ley estipula que el gobierno federal “no gravará de manera sustancial el ejercicio de la religión de una persona” a menos que pueda demostrar que tal carga sea “en defensa de un imperioso interés público” y sea “el medio menos restrictivo de defender ese interés imperioso”.

    En 1999, el estado de Arizona aprobó una legislación similar, que impide igualmente que el gobierno estatal grave el libre ejercicio de la religión. El proyecto de ley que la asamblea de Arizona acaba de aprobar es una enmienda de la RFRA estatal de 1999, aclarando que las protecciones de extienden a cualquier “medida estatal” y que se aplicaría a “cualquier persona, asociación, colaboración, empresa, iglesia, congregación o institución religiosa u otro tipo de organización empresarial”. En otras palabras, protege a todos los ciudadanos y a las asociaciones que éstos forman de gravámenes indebidos por parte del gobierno contra su libertad religiosa o de aquellas demandas judiciales privadas que tuvieran el mismo resultado.

    Resulta especialmente importante proteger la libertad religiosa de todos aquellos que forman parte del mercado laboral. Después de todo, como dice la primera dama Michelle Obama, la fe religiosa “no se refiere sólo a aparecer el domingo para un buen sermón y buena música y una buena comida. Se trata también de lo que hacemos de lunes a sábado”.

    Lo que el Times tilda de “discriminación” en realidad es simplemente libertad. Y la libertad no está relacionada con actuar sólo de las formas que apruebe el New York Times. La libertad protege los derechos de los ciudadanos incluso para hacer cosas con las que personalmente pudiéramos no estar de acuerdo.

    De hecho, la ley de Arizona protegería a grupos como Hobby Lobby del mandato a nivel estatal del HHS que los obliga a ofrecer las coberturas de un seguro que viola sus convicciones religiosas. Aquí la pregunta fundamental no es si Ud. pagaría o no medicamentos de inducción del aborto o anticonceptivos, sino si el gobierno debería obligar a las Hermanitas de los Pobres a hacerlo.

    ¿Cuál es ese imperioso interés público al que sirve el mandato? ¿Es el medio menos restrictivo de defender ese interés el exigir a unas monjas que proporcionen medicamentos de inducción del aborto y anticonceptivos?

    En verdad no se necesita estar en contra de los anticonceptivos para pensar que el gobierno no debería obligar a estas monjas a proporcionarlos. De igual modo, no se necesita estar en contra de elaborar tortas de boda para parejas homosexuales para pensar que el gobierno no debería poder obligar a los evangélicos a hacerlo.

    Parte del genio del sistema de gobierno americano es nuestro compromiso con la protección de las libertades, entre ellas las de todos los ciudadanos recogidas en la Primera Enmienda, a la vez que se respeta su igualdad ante la ley. El gobierno protege la libertad de los ciudadanos para buscar la verdad sobre Dios y rendir culto según su conciencia, así como para vivir sus convicciones de manera pública. De igual manera, los ciudadanos son libres de formalizar contratos y asociarse según sus propios valores.

    Aunque el gobierno debe tratar a todo el mundo con igualdad, se deja libertad a las partes privadas para que realicen juicios y distinciones razonables (lo que incluye juicios y distinciones morales razonables) dentro de sus actividades económicas. No todos los floristas tienen que ofrecer arreglos nupciales para todas las ceremonias. No todos los fotógrafos tienen que inmortalizar todos los primeros besos de todas las bodas. Es la competitividad del mercado la que mejor puede armonizar toda la variedad de valores que manejan los ciudadanos. Y no hay necesidad de que el gobierno trate de obligar a que todos los fotógrafos y floristas presten sus servicios para todos los eventos relacionados con el matrimonio.

    La libertad es un camino de doble sentido. Y exige que se permita que otros hagan o dejen de hacer aquellas cosas que nosotros podríamos decidir hacer de una manera diferente.

     

    La versión en inglés de este artículo está en Heritage.org. 

     

    Posted in Actualidad, Adminstración Obama, Análisis, Constitucionalismo, Estudios, Gobierno de Estados Unidos, Historia de Estados Unidos, Opinión, Religión, Sistema de Salud, Sociedad civil, Temas legales